Editorial: Ni la pérdida de la calidad de vida de los más pobres, ni la lucha por sus derechos, forman parte del relato de los medios

pob-4Militantes de organizaciones sociales y sindicales sostienen una campaña solidaria para ayudar  a las familias de los sectores más necesitados de la provincia. La iniciativa cuenta con  una carpa ubicada en Plaza 25 de Mayo, donde se receptan  abrigos y alimentos para ser   distribuidos a través de merenderos y centros comunitarios. Una crisis a la que se le niega entidad  mediática y sin embargo no para de crecer.  

Según las organizaciones que sostienen trabajo territorial en las comunidades, la situación empeora cada día que pasa. El aumento de concurrencia de niños y niñas  a comedores y merenderos muestra a las claras el empeoramiento  de las condiciones de los sectores pobres. Hoy,  las acciones de los militantes sociales y las movilizaciones,  son la única voz que sale del barrio para denunciar  las carencias que sufren las familias de trabajadores desocupados y de la economía popular.

En el Caso de nuestra provincia

A la pérdida de capacidad adquisitiva de  las asignaciones y programas nacionales, muchos de los cuales están siendo dados de baja desde Nación,  se suma  la pérdida de un importante número de puestos de trabajo  en  la construcción,  en la industria y el comercio. Por añadidura, estas pérdidas afectan también   la economía informal,  ya que  ese circulante de dinero   se desagrega de los pequeños negocios y  trabajadores de changas de las barriadas más humildes.

Es por esto que las políticas de ajuste y transferencia de recursos a las trasnacionales  y el poder financiero,  golpean con más dureza  a los  sectores más vulnerables. Una factura de energía eléctrica   consumida por  una familia tipo que vive de asignaciones y changas, cuesta mucho más que la consumida en algún barrio de las capas medias, por más que el tarifazo acuse el mismo monto.

 

Pese a todo este descalabro, las consecuencias del ajuste y el deterioro  de la calidad de vida de grandes segmentos de nuestra sociedad, no forma parte del relato de los medios.  Con el 90% de los medios privados y el 100% de los medios públicos en poder de Cambiemos, las posibilidades de que la realidad de los excluidos  ocupe el lugar que se merece son nulas. No por nada la primera medida de este gobierno fue aniquilar la Ley de Medios.

Sin embargo el margen de manipulación disminuye a medida de que el ajuste se amplía  a hacía  de las capas medias.  Desde la aprobación de la Reforma Previsional, en diciembre del año pasado, estos sectores, en su mayoría  afines  a Cambiemos, empezaron un camino de retorno de la gran estafa electoral 2015. Y en el mismo sentido, aunque más lento,  también un desandar del odio sembrado para con el gobierno anterior. La caída de la imagen positiva de Macri y el repunte de Cristina en todas las encuestas, son en alguna medida la pauta de esto. Los medios siguen la misma línea de blindaje a Macri  y demonización de Cristina, pero la protesta social empieza a volverse inocultable, dejando al descubierto la estrategia.

Pero esto viene de antes. La construcción de una conciencia de exclusión, fue el trabajo previo de  décadas de bombardeo  neoliberal,  sobre el cual se asentó la demonización de la década  “kirchnerista”.  Este odio, implantado desde la prepotencia mediática, con operaciones  orquestadas desde  la oligarquía agrícola,  el poder financiero, y sus  patas en el sistema  judicial y  político   fueron la clave de la llegada a nivel regional de gobiernos neoconservadores.

El  proceso  redistribución  del ingreso que caracterizó a los gobiernos    latinoamericanos de la última década, que sacó millones de compatriotas de la pobreza y  avanzó en la ampliación de derechos, no alcanzó para superar la construcción cultural del poder real.  Sobre este fenómeno insiste  García Linera, quien sugiere que no se hace  revolución  si los procesos de redistribución y ampliación de derechos no van acompañados de un proceso de politización, pues sin esto no se está ganando el sentido común.

Ahora son tiempos de unidad, una unidad de todos los agredidos y estafados electoralmente  por  el régimen “ceocratico”  y al mismo tiempo de una batalla contra la lógica de la exclusión y la negación.

 

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