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Con lo que nos costó asumirnos desde lo que somos y ponernos de acuerdo. Con lo que nos costó garantizar  derechos  a quienes por su identidad sexual  estaban condenados a vivir en la marginalidad. Lamentablemente la Diputada Nacional Karina Molina parece no entenderlo y para peor, trabaja para destruir la Educación Sexual Integral, avivando posturas ultraconservadoras y promoviendo   un  retroceso a la  exclusión de las identidades LGTBIQ.

La semana pasada,  desde la mesa de Unidad Ciudadana La Rioja, se denunció  una campaña impulsada  por sectores  vinculados a Cambiemos,  para deslegitimar el Derecho a la Educación Sexual Integral. Hasta ese momento solo se conocía el apoyo de referentes de ultra derecha, como la  docente Fernanda  Mejías, quien fuera denunciada por apología al Terrorismo de Estado. Pero en una acción de promoción realizada el domingo pasado,  en el Parque de la Ciudad, la Diputada Molina apareció respaldando una campaña anti derechos denominada “Con mi hijo no te metas”.

 Desconociendo la legitimidad y la legalidad de ESI y detrás de una caparazón dogmática y moralista el grupo con el que milita la Diputada,   intenta poner freno a conquistas de derechos conseguida por colectivos sociales que padecieron  dolorosas discriminaciones, negaciones y opresiones que condenaron a la ciudadanía de segunda, a grupos humanos, por su  condición de género, de diversidad étnica, cultural y sexual.

El avance de la igualdad  y la equidad, de la mano de la perspectiva de género y la consideración del ser humano, en cualquier condición, como sujeto de derecho, asi como el derecho a la  Educación  Sexual, fue  consensuada democráticamente y debiera aplicarse  sin restricciones en el sistema educativo y ser respetado por la ciudadanía.

Preocupa  la cruzada antiderechos promovida por posiciones absolutas que pretenden desmantelar todo el andamiaje de leyes que reconocen derechos de colectivos.  Con el argumento, de que la perspectiva de Género, incorporada a la Educación Sexual Integral en las instancias educativas, constituiría una “intromisión deformante y peligrosa en el aprendizaje infantil”. La campaña  anti ESI apunta sin más, a  un retroceso cultural inédito que sin duda será resistido, pero que empalma de de manera tenebrosa con la “ola fascista” que sacude la región.