Opinión – Karina Vayón, otra víctima de Femicidio

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Por Ana Martínez – Amanece el primer día del año y la felicidad se esfuma al pensar que Karina, como tantas otras mujeres ya no está. Karina tenía 24 años, trabajaba en un jardín de infantes, tenía una hija de tres años y vivía en el Barrio Labradores.

El domingo había dejado a su hija con su ex pareja y padre de la nena, con quien había tenido una discusión porque él no le permitía que la llevara de regreso a su casa. Varios vecinos la vieron ofuscada durante la tarde del domingo, en una actitud de discusión telefónica. Esa noche Karina fue golpeada salvajemente con un objeto contundente en la cabeza y lacerada con un cuchillo en la garganta y otras partes del cuerpo hasta darle muerte.

Karina había denunciado numerosas veces a Serrano por hostigamiento y acoso. Ellos estaban separados y él había formado una familia con otra mujer, sin embargo él la perseguía y la hostigaba por lo que Karina decidió denunciarlo aunque no obtuvo respuesta.

Karina era madre, hija, hermana, amiga, compañera. Era una piba de 24 años con toda una vida por delante.

No puedo dejar de pensar en su existencia arrancada, descuajada. En la incertidumbre de su familia, me imagino la mirada de su hija buscando a su madre, esperando, preguntando, insistiendo, apagándose… Pienso en las laceraciones en su cuerpo, en su cuello, en su garganta abierta; como para que no pueda nunca más hablar, como para que no pueda nunca más gritar.

Pienso en las contusiones, cortes, quemaduras, orificios, puñaladas, aplastamientos que quedaron grabados en los cuerpos de miles de mujeres que cada día van perdiendo su vida en manos de violentos, en manos de iracundos machos que pretenden mostrar su virilidad a través de la violencia, reservando a la mujer como un objeto de consumo, como un bien privado, como un ser carente de derechos y garantías, merecedora y responsable del hostigamiento, del acoso, la violencia y su propia muerte; pienso todas las sobrevivientes que mueren emocionalmente en manos de un sistema patriarcal, al no encontrar justicia, al ser sometidas repetidas veces a la revictimización, al ser condenadas y señaladas por una sociedad que (muchas veces) avala el machismo, el actuar violento y los actos criminales escudándose en detalles irrelevantes como la ropa, la hora permitida, los zapatos y la reputación.

Cada 32 horas una piba es asesinada, cada día de por medio una piba es víctima de Femicidio en nuestro país. Este año se contaron más de 225 femicidios en el país y 3 en nuestra provincia.

En los primeros días del 2018 Deolinda Torres fue encontrada muerta y brutalmente golpeada. Su ex pareja, Santiago Condorí tenía orden de restricción sin embargo, entró a su casa y la atacó con un hierro mientras dormía junto a su pareja y la mató.

En los primeros días de Diciembre Jessica Oviedo fue encontrada muerta, con cuatro impactos de bala. Yacía junto al cuerpo de su pareja Santiago Gomez quien se suicidó luego de asesinarla frente a la mirada de su hijo de dos años.

En el último día del 2018 Karina Vayón es encontrada con golpes y lesiones mortales en el cuello y la cabeza, su ex pareja Ever Serrano está detenido.

Una mujer cada 32 horas. Las estadísticas se muestran y ocupan largas horas de debates en programas de discusión; los casos más candentes aparecen en hora pico y mantienen la atención del televidente por días, hasta que la fiebre pasa y algún chisme de farándula ocupa los zócalos de la pantalla, mientras cientos de casos quedan velados, escondidos, enmudecidos, ajenos, reservados. La sociedad parece aletargada, avivada inconstantemente por noticias, como un leño a punto de apagarse pero que revive ocasionalmente y vuelve a perder fuerza. Sin embargo, el movimiento Feminista inunda, incomoda, replantea a esa sociedad heredera de prácticas viciadas y poco solidarias con las mismas mujeres proponiéndoles la sororidad como forma de vida y el empoderamiento como arma para derribar un paradigma obsoleto y que se desmorona a pedazos.

Ojalá este 2019 no tengamos que lamentar más de 225, ojalá no tengamos que lamentar ni siquiera una piba más muerta en manos del patriarcado. Mientras tanto, vamos a seguir gritando por ellas y exigiendo justicia por Karina, por Deolinda, por Jessica, por todas.

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