Opinión – El “Cura” y el “Pelón”

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El músico Ricardo Silva, escribió un emotivo texto para recordar a sus entrañables amigos de la juventud fallecidos. Se trata de Pedro “Pelón” Agost, ex secretario de Cultura y del periodista y escritor Alejandro “Cura” Delgado, dos personas que dejaron un gran vacío en amigos y familiares como así también en el quehacer cultural.

El Cura y Pelón iban pasando por frente de casa ayer a la tarde. De casualidad en ese momento estaba cerrando las persianas para salir de casa y los vi. Apenas se dieron cuenta apuraron el paso y trataron de esconder sus rostros en unos gamulanes con grandes solapas que llevaban puestos. “¡Hijos de…!”, exclamé entre sorprendido e indignado.

A las apuradas cerré la ventana y la puerta y salí corriendo detrás de ellos. “EEhhh”, les grito, y como respuesta los dos salen picando como locos. En la esquina, Pelón resbala con un pedazo de cámara de moto que estaba tirada en la gomería, el Cura lo ayuda a levantarse pero en el movimiento se le cae la gorra. Cuando llego, levanto la gorra y veo que los dos bajan hacia el Tajamar. “¿Qué mierda hacen?” me pregunto un tanto agitado, pero cruzo la calle y los sigo.

No sé si habrán visto, pero ahí en la esquina de Perón y Bazán y Bustos (la famosa esquina de “La Virgencita”) al costado del puente y justo abajo de la virgen, hay un túnel de desagüe. Por ahí justamente se zambulleron los pillos éstos, así que no tuve más remedio que seguirlos.

“¡Ehhh, paren!” “¿Adónde van?” pregunto antes de que la oscuridad me trague como a ellos. No hay respuesta así que entro nomás, ya a esta altura jugado, pero no voy a negar que un poco cagado de miedo también. Se escuchaban los chapoteos de las pisadas delante mio, ya que que el piso estaba mojado, y el techo algo bajo obligaba a agacharse, así que el ritmo de la persecución disminuyó notablemente. Obviamente, cuando empecé a escuchar las toses, me dí cuenta que faltaba poco para alcanzarlos. Empecé a caminar, sabiendo que se habían detenido y pronto vi la luz de los encendedores que les iluminaba las caras y los puchos que encendían.

Ahí, mi corazón empezó a latir distinto. Tomé conciencia de que había estado persiguiendo a dos amigos que ya no estaban en este mundo. Pero ahí estaban. Pensé que del techo estaba goteando algún líquido, pero no, eran lágrimas que rodaban mansamente.

“Narix”, saluda Pelón entre un par de toses secas, “Devolvéme mi gorra”, ordena el Cura.

Me quedé ahí en silencio, mirándolos en cada pitada que los iluminaba tenuamente. Aparecían y desaparecían en el ambiente oscuro y que olía a cigarrillo negro. El humo le daba una apariencia aún más espectral a la escena. No sé cuánto tiempo estuvimos así. “Qué, ¿no vas a preguntar nada?” , interrumpe el Cura sin ningún miramiento. “Pará” interviene conciliador Pelón, “Dejálo reaccionar”.

Sean lo que sean, me dije, indudablemente son ellos. “¿Qué hacen aquí?” “¿No deberían estar…en otro lado?”, pregunto y al instante me siento un idiota. La verdad es que tenía miedo de decir cualquier cosa que los hiciera desaparecer o yo despertarme, o que se rompiera el extraño sortilegio que estaba viviendo.

“Acá no hay nada raro, no vayas a pensar que esto es una experiencia extrasensorial o alguna boludez de ésas” “Es que se nos ocurrió que nadie se iba a dar cuenta si nos pasábamos un rato por acá” dice el Cura y hace una pitada que se refleja en los lentes. “Mirá Narix, no pasa nada, yo ya me imaginaba que vos ibas a aparecer, seguro que no ibas a poder con tu genio” y se ríe con una risa que rebota en las paredes del canal y que pronto tienta al Cura, que se ríe también, y no sé porqué yo también me veo envuelto en esa danza de risotadas en la oscuridad húmeda sub-virgen.

En un momento me doy cuenta que estoy torcido casi a punto de caer y me duele la boca, la garganta y el estómago de tanta carcajada. Me apoyo en el piso mojado y me voy tranquilizando. Con el último suspiro levanto la vista y las brasas de pucho ya no están. Nada se escucha más que el rumor apenas audible del agua que corre suavemente.

Agotado, casi sin fuerzas, pero pleno de esa energía sanadora que invade el alma y el corazón cuando las risas brotan con amigos, me encaminé hacia la salida al Tajamar.

El humo de los Particulares me abrazó como una nube protectora, en el exterior me esperaba una noche más de este lado del mundo.

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Un comentario en “Opinión – El “Cura” y el “Pelón”

  1. Ricardito hermano nuestro lei y senti que estabamos ahi, tan real lo que has escrito, que asi era y asi es, gracias por hacerme vivir este momento. Te abrazo con mucho amor, un nudo en mi garganta y mis ojos mojados con el alma, lo extraño a tal punto de mo aceptar su ausencia aun se me presentan momentos que espero su llamada, sus momentos y el curita persona tan especial como el. Gracias Ricardo y gracias Cachita amiga y hermana por compartir.

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