Maradona en Gimnasia. Un bosque de pasiones

Opinión – En sus palabras, Maradona se comprometió a trabajar fuerte y dar batalla. Exhortó a sus jugadores a darlo todo por la gente. Esbozó con picardía un “volveremos” que excedía la situación, y de refilón alguna cargada para el clásico rival. No olvidó un bife para algún periodista que intentó relativizar su contracción a los entrenamientos y reforzó el concepto anticipando que será en verdad quien oriente el plantel. El decir pausado, reconocible, fue sin embargo vigoroso, y en su interior se trasuntó la emoción atrapada por la identidad social compartida con quienes poblaban el estadio. Por Gabriel Fernández *

Poco antes de las 14 horas de un domingo fresco, la imagen del genio del fútbol mundial asomó por entre las fauces que caracterizan el acceso del legendario predio. Inmediatamente la multitud abigarrada transmitió una energía singular, prodigó una emoción única y honda que hizo surgir lágrimas del nuevo entrenador tripero. La vibración manada desde los tablones de cemento de 60 y 118 arrasó todo el espacio.

La comunicación de Diego con la gente se vivificó con un nuevo tono, ese que sólo el entorno del triperío puede ofrecer. Una pasión genuina y humilde surgida de las barriadas platenses, berissenses y ensenadenses, le brindó el marco justo para un discurso enfático, con guiños y esperanzas. Puede decirse que la hinchada de Gimnasia estuvo en su salsa; y que Maradona, también. El canto “el que no salta es un inglés” junto al “Ginasiá” de tantas batallas y otros que caracterizan el ambiente tribunero, estuvieron a la orden del día.

Maradona ingresó con la comisión directiva del Lobo y el plantel de jugadores profesionales. También, con el Gallego Sebastián Méndez, quien será su ayudante de campo. Fuegos de artificio, tres banderas gigantes, gritos a voz en cuello; un verdadero escándalo ocupó el Bosque. El recién llegado, junto al presidente del Club Carlos Pellegrino, transitó las rayas de cal de los cuatro costados para saludar bien de cerca a los hinchas. Luego, se animó al micrófono.

Mientras los ojos de Maradona se humedecían, lo mismo sucedía con los parciales triperos allí presentes. En especial con la mirada de aquellos que lo conocían de siempre, pero de lejos. Hombres y mujeres que lo vieron jugar por todas las canchas del planeta a través de la televisión, lo admiraron, lo veneraron… y este domingo lo tuvieron en casa. De allí que la potencia de la relación tuviera tal intensidad: el pueblo de la región recibió un premio que no esperaba. Y lo valoró.

En sus palabras, Maradona se comprometió a trabajar fuerte y dar batalla. Exhortó a sus jugadores a darlo todo por la gente. Esbozó con picardía un “volveremos” que excedía la situación, y de refilón alguna cargada para el clásico rival. No olvidó un bife para algún periodista que intentó relativizar su contracción a los entrenamientos y reforzó el concepto anticipando que será en verdad quien oriente el plantel. El decir pausado, reconocible, fue sin embargo vigoroso, y en su interior se trasuntó la emoción atrapada por la identidad social compartida con quienes poblaban el estadio.

Luego arrancó el entrenamiento. Físico al comienzo, con fútbol en tres equipos intercalados luego, y disparos al arco ¡con pases de Diego! sobre el cierre. Relajación y arenga técnico psicológica para empezar a despedirse. Despedirse por esta jornada nomás: porque Maradona recibió tanto afecto y tenía tantas ganas de estar en una cancha, que demoró mucho en irse del terreno. No por el andar lento de su pierna operada sino por el vínculo que surgió naturalmente con el público presente.

Trascartón ofreció una conferencia de prensa. Recordó momentos complejos, como jugador y como técnico, en la selección. Aseguró que escogió a Gimnasia aunque le ofrecieron dirigir varios clubes del fútbol argentino con mejor puntaje. También cuestionó la situación social y lamentó que a los trabajadores les cueste tanto llegar a fin de mes.

Los hizo reír a todos cuando alguien comparó el parecido físico del delantero tripero Spinelli con Caniggia; “bueno, se parecen, ¡pero que Spinelli la meta!” bromeó. Cerró con un saludo para su amigo Paul y se volvió a conmover cuando vio llegar a la hermana de la ex presidenta y actual candidata a vicepresidenta por el Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner. Giselle, lo abrazó largamente.

Arranca una nueva etapa en el fútbol argentino. Hay algo seguro: con Maradona en casa, esta etapa será mejor.

• Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

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