Un ayudamemoria para el 24 de marzo

Por Hugo Miguel Doliani

Corrían tiempos de Verdad y Justicia y en La Rioja se ponían en juicio los asesinatos de los curas Murias y Longeville, el laico Wenseslao Pedernera, y muy especialmente el del Pelado Angelelli. Alguien escribió como funcionario de la Justicia, por primera vez, la palabra “asesinato” en su informe al Juez de la Causa. Se atrevió a ponerle nombre, tanto a la Triple A en la figura de Aníbal Gordon, como así también al General Luciano Benjamín Menéndez. Era solo el principio, un principio esperado por gran parte de la sociedad riojana, la que podríamos llamar “progre” o “nacional y popular”, más allá de peronismo, alfonsinismo o socialismo asociado a una nueva realidad surgente. Eran tiempos duros, especialmente en Córdoba y en la Justicia Federal, donde los nichos de la Dictadura gozaban de buena salud en la Justicia Federal.


Un hombre, Prosecretario de un juzgado, durante 23 años, proveniente de Córdoba y en sus inicios, pagó un alto costo por jugarse, que muchas veces es lo que cuesta la verdad.
Su nombre, Carlos Allievi, alejado del Juzgado, primero, y de la Justicia después. Alfonsinista de Alfonsín (valga la redundancia), y militante del campo nacional y popular, se había jugado sin más interés que la búsqueda de la verdad.


Hoy, a pocos años de la Jubilación y fiel a su formación judicial, inició los trámites para ser reincorporado al Ministerio Público Fiscal, habiendo cumplido con todas las pautas legales necesarias, apoyado por Piumatto en el sindicato, y dando lugar favorable a su pedido nuestra Gils Carbó en el 2016, quedó en la nada con el desplazamiento de la Procuradora. Luego, los años del PRO y desde una Córdoba poco afín a estas reparaciones, no hubo respuesta.

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