Adrián Paenza sobre el coronavirus: «Hay que adelantarse a la explosión de casos»

«Los números son escalofriantes», dice desde Chicago el matemático y comunicador, que mantiene diálogo con las autoridades argentinas. Analiza la experiencia internacional y los pasos ya tomados en el país.Por Raúl Kollmann

Aunque parezca insólito, los matemáticos pasaron a ser superestrellas en la crisis del coronavirus porque trazan curvas, pronostican, comparan. Y, sin dudas, el matemático de referencia en la Argentina es Adrián Paenza, que desde su lugar de residencia, Chicago, mantiene un diálogo intenso con las autoridades argentinas. «Los números en el mundo son escalofriantes –sostiene Paenza–, y los veremos incluso más dentro de una semana. El gran objetivo es ganar tiempo para que no colapse el sistema sanitario. La Argentina hizo algo magnífico, el presidente se manejó como un estadista, porque veo las curvas en el mundo entero y si no se toman medidas que parecen impopulares, inexorablemente vamos a un colapso del sistema de salud». Este es el diálogo que mantuvo Página/12 con el matemático.

–¿Por qué este papel de los matemáticos?

–Porque estamos en la penumbra. Yo ahora te voy a decir cosas de las que no estoy seguro. Dudo mucho de lo que digo y por ahí en una hora te digo lo contrario. O sea, nosotros hacemos cálculos, pero en verdad no sabemos quién está infectado. Yo estoy recluido en mi casa en Chicago. El 10 de marzo volví de Nueva York. Ahí di clases, viajé en subte en hora pico, fui al teatro, estuve más que expuesto. De golpe me entero que Harvard cerró, que Columbia no abre hasta agosto. La conclusión es que no sé si estoy infectado. O sea los datos son catastróficos y hay una parte que no conocemos.

–¿Aún así se pueden hacer estimaciones?

–En la penumbra. El gobernador de California acaba de decir que hasta el 56 por ciento de la población de ese estado se puede infectar. California tiene 40 millones de habitantes, algo menos que la Argentina, significa que podría haber hasta 23 millones de infectados. Insisto, los números que yo veo son escalofriantes, aunque no tenemos los tests. El alcalde de Nueva York, Bill De Blasio, dice que en la ciudad está el 30 por ciento de los infectados de Estados Unidos, pero en verdad no sabemos si eso es así o no, porque yo mismo no sé si estoy infectado.

–¿Y la Argentina?

–La Argentina hizo algo maravilloso. Alberto Fernández reaccionó como un gran estadista. El pudo haber dicho: «si me guío por lo que pasa ahora, estamos ante 44 millones de habitantes y menos de 200 casos, no debemos tomar medidas exageradas». Pero no, tomo un camino que podía ser impopular y miró lo que dicen las curvas de los países que tienen la peor situación. Lo que dicen los modelos matemáticos se puede ejemplificar muy bien en una publicación del Washington Post: exhibieron las curvas de lo que sucede si uno no hace nada, si hace poco o si es drástico en las medidas. Son miles de infectados y miles de fallecidos menos si se actúa cuanto antes. Por eso digo que Alberto Fernández empezó con medidas fuertes antes de que suceda lo más grave. Porque los números van a ser tremendos, incluso en una semana. No hay ninguna razón para que el virus no explote en la Argentina. Entonces necesitamos ganar tiempo para que el sistema de salud no colapse. El aislamiento, lavarse las manos, todo lo que ya conocemos para evitar todo lo posible el nivel de contagio. Si de 100 pasamos a 200, después a 400 y así siguiendo en forma exponencial, la crisis será insostenible. Pero si el contagio es uno a uno, sería que 100 infectan a 100, y que luego 100 infecten a 95 y los 95 a 90 en un mes tendremos sólo 20 infectados nuevos. En tres meses tendríamos menos de un infectado por día.

–¿El ejemplo es China donde se frenó?

–Ellos hicieron un operativo de supresión, nosotros sólo de mitigación. Por ejemplo, en cada vivienda china se designó una única persona que sólo podía salir cada tres días a comprar comida o medicinas. Me pregunto si nosotros estamos en condiciones de hacer eso.

–¿Qué es lo que más le preocupa viendo los números?

–Un elemento de máximo peligro es cuando esto llegue a los barrios más humildes, que tienen mucha menor capacidad de aislamiento, porque viven varias personas en una sola habitación y en esas condiciones va a ser muy difícil aislar. Además, la circulación también se hará imposible de controlar dentro de esos barrios, de manera que habrá que establecer organizaciones por cuadra o algo así. Piensen esto como una maratón: estamos en el kilómetro uno, faltan 41 kilómetros. Eso me preocupa.

–En Corea se hicieron miles de tests por día y eso permitió detectar los casos con síntomas leves, con lo que se evitó su evolución. Tienen pocos fallecidos, lo mismo que Alemania.

–Es otro camino que se está sondeando. En Corea una vez que tenían un caso confirmado, lo aislaban y después le hacían tests a todos los que tuvieron algún contacto, incluso el más leve. Rastreaban a centenares y centenares de personas. Por supuesto que se meten fuertemente en la intimidad de todos y hay que tener la capacidad de hacer semejante cantidad de tests y atender a un número enorme de personas. Ahí una clave es no hacer colapsar el servicio médico.

–¿Existen otros caminos?

–Acá en Estados Unidos hay una empresa que fabrica termómetros muy baratos: uno se toma la temperatura y de inmediato, a través del celular, transmite el dato, de manera anónima, a un centro de cómputos. Por esa vía, le tomaron la temperatura a un millón de personas y detectan cuando en una zona es mayor a lo que debería ser. O sea, no se ve el fuego (los infectados), pero se percibe el humo (temperaturas más altas). Esa empresa acaba de diagnosticar que la próxima explosión del virus va a estar en La Florida. Le comenté esto a las autoridades argentinas.

–¿Qué otras cosas se ven en las curvas matemáticas hasta el momento?

–Hay datos que ya conocemos. El virus afecta más a hombres que a mujeres, no sabemos bien por qué. Claramente afecta con mayor intensidad a personas de más de 65 años. Y el clima tiene incidencia: crece cuando hace mayor frio. Pero la clave está en tomar medidas, sin dudas ahí está lo decisivo. En Seattle, por ejemplo, están convirtiendo un estadio de fútbol en una especie de hospital con camas nuevas. O sea conservan las camas de los hospitales porque tienen pacientes con otras enfermedades, pero agregan camas específicamente para el coronavirus. Lo otro que muestran las curvas es que hay que cuidar al personal médico, a las enfermeras y a los técnicos. Es imprescindible tener una fuerte provisión de máscaras protectoras para el personal de salud. Por eso digo, que es magnífico que el gobierno se haya adelantado y ponga en marcha las medidas que son incluso para una etapa posterior. Hay que multiplicar las camas, los barbijos, las drogas, los tests, los respiradores.

–¿Los números indican que la postura de minimizar el virus fue un error?¿La que tuvieron Donald Trump, Boris Johnson y Jair Bolsonaro?

–Categóricamente. Los datos son contundentes. Por supuesto que la esperanza a mediano plazo estará en una vacuna o en medicamentos que eviten que el virus se duplique, una salida que se encontró con el HIV. Tal vez una ironía que estamos viendo es que el mundo ahora corre hacia los científicos, tan golpeados, tan dejados de lado y se vuelcan miles de millones de dólares. A esto se sumará una guerra por las patentes e incluso por las empresas. Todo se va a agudizar en la medida que los números sean aún más catastróficos. 

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