Filosofía – Notas sobre la pandemia y el cuidado

Por José Jatuff – Sergio Sánchez me insiste una y otra vez en volver a Cartas a un joven poeta de RainerMariaRilke. Allí le pide al joven que “en la hora más callada de su noche” se pregunte por el móvil que lo impele a escribir. El hilo conductor real de lo que sigue es el miedo. Mis padres tienen más de setenta años y tienen una panadería de barrio pegada a su casa. El transito es inevitable y constante. Desde este lugar preciso entiendo la necesidad del cuidado y puedo hacer algunas preguntas.

Philip Rieff, siguiendo a Freud, afirma que las culturas son sistemas simbólicos que tramitan la relación entre la interdicción y la liberación y que por ello poseen una función terapéutica en la medida en que canalizan tal dialéctica. En su opinión, el proceso de secularización desintegró esta capacidad. Tiene razón, peroel estado en que nos encontramos nos muestra que el modo que habíamos usado para encauzar nuestras energías se nos vuelve no solo extraño, sino espectral.Hablando por teléfono con Carlos Gómez –ex preso político y militante por los derechos humanos– me decía que su casa había adquirido rasgos muy parecidos a los de su antigua celda. Que él no salía mucho, pero que la ausencia de la posibilidad impregnaba todo con un hálito fantasmal. Algo parecido me sucede y si nosotros que somos privilegiados no encontramos el modo, no sé cómo hacenen esas viviendasprecarias y numerosas que encontramos en el barrio Nuevo Futuro en las afueras de La Rioja. La cuestión es que nuestras sociedades capitalistas moldean nuestras pulsiones y constituyen un tipo de ser humano: todos somos trabajadores. Es notable como la insistencia obsesiva de migrar hacia la virtualidad está teñida por el entusiasmo de que avanzamos. Este modo de tramitar nuestras pulsiones traza un arco que recorre toda la escala social. Entre las reflexiones que leí sobre la pandemia, la de Franco Berardi–que tiene momentos entrañables– señala como el estado de alerta y pánico deprime a los sujetos que sostienen los mercados. Esto está causando pérdidas millonarias en todo el mundo y complica las distintas economías. También la de la panadería de mis padres. Aunque el consumidor ideal debe poseer un perfil doble, homogéneo e individual a la vez, parece que necesita también tener la sensación de que su deseo se desarrolla libremente. Los medios de comunicación nacionales más cercanos al sector empresarial se muestran vulnerables a la precariedad de los asentamientos –en su versión Conurbano bonaerense profundo– y empiezan a dejar caer la idea de que la economía no va a resistir. A su vez, estos sectores pueden encontrar un aliado adecuado en la imperiosa necesidad subjetiva de tramitar las pulsiones a través de conductosnormales: trabajo y consumo.Mi preocupación en este punto es que el interés inescrupuloso de algunos sectoresse constituya en el conductor de las energías estancadas de amplias mayorías y la pregunta podría ser ¿Qué hacer con nosotros mismos?  

Hasta ahora se ha acatado la decisión del gobierno que ha desplegado todo un mecanismo de control.  En estado de pánico y de alerta, como el actual, estos mecanismos suelen agudizarse por razones obviasante el aplauso de las mayorías. Cada sociedad a su manera y como puede, aumenta el control. Los gurúes de la tecnología señalan que en los últimos años tanto los gobiernos como las corporaciones han estado utilizando tecnologías cada vez más sofisticadas para rastrear, monitorear y manipular a las personas. Según Chul-Han la epidemia ha sido controlada en China por un sistema estatal de vigilancia cibernético endodérmico. No es para nada claro que tal método sea más efectivo que el alemán o el argentino, por ejemplo. Pero si en China la vida fue así garantizadala pregunta podría ser ¿Qué tipo de vida? Es decir, tal sistema es efectivo teniendo un modo de vida correlativo que proyecta y configura.  La cuestión es delicada porque la necesidad de cuidado es real. Si imaginamos máximo control y cero epidemia, la vida biológica está garantizada, más no su dignidad.  La cuestión péndula entre el totalitarismo y dejar morir. La pregunta podría ser ¿Cuánta libertad deberíamos ceder a fin de que este garantizada la vida? El miedo acecha, ya he hablado de mis padres, las cuestiones teóricas no son meramente teóricas. A un riojano la MatrixChina le suena a cosa de Mikilo pero esto que estamos viviendo quizá sirva para observar varias cosas. En la medida en que tenemos un teléfono inteligente estamos dentro de una red continua de vigilancia. Existe un parentesco político entre la forma de vigilancia que llevan a cabo los Estados que disponen de tal arsenal tecnológico y el aumento de control policial en nuestras calles. Y por último, la red de vigilancia no solo es vertical sino también horizontal. Esto es, puede ser llevada a cabo por miembros de una sociedad en pánico y por ello dispuesta a abandonarse a la voluntad de castigar. El cuidado es necesario y la pregunta podría ser ¿Qué tipo de cuidado reivindicamos para nosotros como sociedad?

Simplifiquemos demás las cosas en esta dicotomía: cuidado o dejar morir. El papel bochornoso de Estados Unidos y Gran Bretaña en el marco de la pandemia es conocido. Los británicos jugaron allaissez faire con el virus y no les fue bien. En Italia el desfinanciamiento de la salud pública generó sudebilitamientomientras se encuentran entre los más afectados. En el país del Norte la ola de contagio es récord y la salud pública, raquítica.  En una coyuntura electoral Judith Butler señala que el intento de Trump de comprar la patente de una supuesta vacuna es “criminal” y que votó por Berni Sanders en las primarias de California porque defendió el Medicare, un programa integral que garantizaría la atención médica básica para todos.Lo que quisiera enfocar es que el modo en el que operan las políticas públicas a la hora de lidiar con la pandemia es crucial y que no puede dejarse de subrayar la necesidad de un estado presente. Esto que parece una perogrullada, no lo es. Alejandro Ruidrejome señalaba el significado ambiguo del término cuidado: advertencia y atención.   El doble rostro de la cuestión podría enunciarse así: La pandemia y el pánico colectivo favorecen el aumento de la vigilancia y esto es un riesgo para la libertad, sin embargo, sin la intervención y el cuidado estatal (dejado el asunto a la lógica del mercado) se trata lisa y llanamente de dejar morir.  No quiero polemizar, pero tampoco ser hipócrita. Agradezco que los argentinos no nos hayamos topado con el COVID-19 en una administración de corte neoliberal.

Muchos intelectuales que olvidaron lo del búho de Minerva cultivaron la profecía que, aparte de ser un género literario, es un don del que carezco. Pero se puede señalar que tanto marxistas como neo-marxistas, juristas, metafísicos y deleuzeianos advierten la necesidad de un orden internacional.Luigi Ferrajoliafirma que la Unión Europea debería haberse hecho cargo de la crisis desde el principio. El propio Tratado sobre el funcionamiento de la Unión lo prevé en su artículo 168 al afirmar que “la Unión garantizará un alto nivel de salud humana” establecer también que “los Estados miembros, en colaboración con la Comisión, coordinarán entre sí sus políticas” y que “el Parlamento Europeo y el Consejo podrán adoptar medidas de fomento destinadas a proteger y mejorar la salud humana y, en particular, a luchar contra las pandemias transfronterizas.” La pregunta es inevitable ¿Porque dado que existe esta instituciónno regula un modo comunitario e internacional de lidiar con la epidemia? La respuesta parece también inevitable: no tiene poder. No puede gobernar sobre estados capitalistas vigorosamente bélicos ni sobre las cincuenta familias que poseen la mayor parte de la riqueza del mundo. Los intereses de la “humanidad” y la de estos privilegiados no coinciden. ErnestRenan,aterrado por La comuna de París,pensó en sus Dialogues philosophiquesun gobierno de sabios (la ligue des sages) que imponga orden si es necesario con terror. A pesar de que a nuestro sentido común democrático esto le choca inmediatamente, lo cierto es que somos gobernados por una liga que además no está formada por sabios. En El señor de los anillosGollum tiene una relaciónde goce con el Anillo Único que representa, naturalmente, el poder.  Lo más sugerente de esta relación a nivel simbólico es que su vida fue extendida más allá de sus límites naturales por poseer el Anillo que a su vez lo deformó y corrompió anímica y físicamente. Sin embargo Gollum nunca, pero nunca se desapegará del anillo. La lógica de mi argumento es la siguiente. La liga de privilegiados, al igual que Gollum, nunca cederá su poder (¿Por qué lo haría?) y sus interese chocarán con cualquier orden más o menos socialista o con la posibilidad de que emerja un nuevo humanismo. A su vez, un total trastrocamiento del orden mundial no garantiza que el futuro no vaya a ser más bárbaro que el presente que tenemos. No tengo muy en claro como somos los humanos pero el apego de Gollum está bien repartido. Carlos F. Liria afirma que la pregunta clave aquí es más bien ¿Quién va a pagar esta crisis? Me gustan ese tipo de preguntas, creo que mantienen la cuestión sobre carriles atinados. Quizá sea un error, pero le demando poco al universo, usaré una imagen. Vivimos en una aldea donde a veces aparece un puma y ataca a uno de los nuestros. El peligro está allí siempre pero tenemos a un sanador laborioso. De pronto somos atacados por varios pumas a la vez y la necesidad permanente del sanador se agudiza. En otras aldeas, en cambio, el sanador no realiza ningún cuidado si no recibe antes su pago. Si la pandemia solidifica la idea de que todos tenemos derecho a la salud, que ese derecho debe ser garantizado por el estado y que la política y no la economía debe cuidarnos, habremos ganado algo con todo esto. Creo que hoy la pandemia pone en cuestión la lógica neoliberal de administrar la vida y que, a su vez,perdemos la memoria con facilidad.La pregunta aquí podría ser ¿Podremos conservar esta experiencia?

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí