Historia y Presente – A 75 Años de la Victoria del Ejercito Rojo sobre las hordas nazi-fascistas

Por Rogelio Roldán – Este 9 de Mayo estaremos a 75 años de la derrota a las hordas nazi-fascistas por parte el Ejército Rojo. Es necesario desmitificar la manipulación desinformativa sobre esa guerra y, a la par, sacar algunas conclusiones pertinentes acerca del belicismo agresor del imperialismo hoy.

Ante la primera crisis profunda del capitalismo en su fase imperialista, que eclosionó en 1929, el capital financiero armó a los elementos más reaccionarios y terroristas de la derecha europea -el nazifascismo- e hizo un primer ensayo general en la intervención contra la República Española, en la que Hitler y Göering estrenaron la Luftwaffe, su aviación de bombardeo, contra el pueblo vasco de Guernica, símbolo de la lucha histórica por la independencia y los derechos civiles y políticos de los pueblos.

En 1938 la democracia liberal, léase el capitalismo inglés y francés, encabezados por Chamberlain y Daladier, con el claudicante pacto de Münich entregó Checoslovaquia a la bestia parda. El objetivo no declarado de esa negociación fue “apaciguar” a Hitler y dejarle el camino expedito para atacar a la Unión Soviética.

El 22 de junio de 1941, pese al pacto de no agresión, la Wehrmacht hitleriana invadió el país de los soviets, el que durante cuatro años soportó el peso principal de la contienda. Los nazis demolieron 1.710 ciudades, más de 70.000 pueblos y aldeas y arrasaron 32.000 empresas industriales. Se destruyó poco menos del 30% de la economía nacional y casi treinta millones de vidas humanas. El 30 de marzo de 1941, Hitler declaró a su generalato: “Esta es una guerra de exterminio. En el este la crueldad de hoy significa el bien en el futuro”. Es útil saber que el partido bolchevique perdió en combate dos millones y medio de militantes, esto es más de la mitad de sus cuadros más experimentados, lo que influyó en el posterior vaciamiento del poder popular, de los soviets, y en la burocratización que terminó por tumbar a la revolución.

Actualmente la gran prensa concentrada pretende hacer creer a los pueblos europeos que su liberación se debe a EEUU e Inglaterra y que la Rusia de hoy, junto a la República Popular China, es una amenaza para la paz. Hace poco el Parlamento Europeo emitió una vergonzosa resolución en la que afirma que nazismo y comunismo son lo mismo, y la Comisión Europea declaró que «es importante no olvidar cómo las Fuerzas Aliadas liberaron Auschwitz hace 75 años». Pero resulta que en las declaraciones de los sobrevivientes y en todos los documentos históricos disponibles figura que el 27 de enero de 1945 los soldados soviéticos liberaron el campo de concentración de Auschwitz.

Estas manipulaciones de los hechos históricos repiten los mismos infundios de las décadas del 20 al 40 del siglo pasado. También la historiografía burguesa intenta minimizar el papel del País de Octubre y de la resistencia -mayoritariamente de los partidos comunistas, entre otros los maquis franceses y los partisanos italianos- en los países ocupados.

Atribuyen la derrota a “errores personales de Hitler”, al “General Invierno”, como si los soviéticos fueran inmunes al frío; al “barro que atascaba el movimiento de camiones, tanques y pertrechos…”, como si el armamento socialista volara, etc. Lo concreto es que el Ejército Rojo derrotó 607 divisiones, inutilizó 48.000 tanques, 77.000 aviones y 1.600 navíos de combate, además de dar de baja a más de diez millones de soldados y oficiales de los trece millones y medio con que contaba la Wehrmacht. También el Ejército Rojo derrotó a las tropas niponas del Kwangtung y entregó todo el armamento confiscado a las columnas del Partido Comunista Chino, dirigido por Mao Tse Tung y Tchu Te, armas con las que consolidaron el triunfo sobre el Kuomintang de Chiang Kai-shek. En cambio el conjunto de países aliados, aparte de retrasar la provisión del material de guerra acordado y demorar la apertura del segundo frente para que el desgaste mayor lo sufriera la URSS, batió sólo 106 divisiones nazis en Africa, Italia y Europa occidental.

Los hechos son contundentes, tres de las cuatro batallas decisivas se libraron en territorio de la URSS: Moscú, Stalingrado y el arco de Kursk. Con las dos primeras se paró y desarticuló la “Blitzkrieg” -guerra relámpago- y se retomó la iniciativa estratégica. Con la victoria de Kursk se expulsó a los invasores del territorio patrio y la embestida no paró hasta Berlín, liberando varios países en ese camino.

Este esfuerzo épico del pueblo de todas las nacionalidades soviéticas demostró categóricamente la superioridad del socialismo. La visión leninista de la cuestión militar y de la conducción política del conflicto armado fue determinante. Los bolcheviques emprendieron una guerra justa, por la liberación, el socialismo y el comunismo. La ciencia y el arte militar leninista apreciaron cabalmente la superioridad material del enemigo, que disponía de los recursos y el trabajo esclavizado de toda la Europa ocupada. En base a ello agruparon en la dirección correcta grandes contingentes de tropas y pertrechos para golpear de modo preciso los nudos centrales del ataque nazi. La planificación y combinación eficaz de la ofensiva de las tropas regulares con los ejércitos guerrilleros en las zonas ocupadas y de ambas con la base económica que abastecía desde la retaguardia, logró cortar las vías de suministro, frenar, debilitar y fragmentar la concentración de fuerzas enemigas, ganar tiempo para perfeccionar la industria de guerra y retomar la iniciativa político-militar. Todo este despliegue fue presidido por una intensísima campaña de agitación política para galvanizar la moral combatiente de soldados y civiles.

El 9 de mayo de 1945, humeaba el bunker hitleriano y sobre las ruinas del Reichstag flameaba la bandera roja con la hoz y el martillo. La humanidad celebraba el inicio de una nueva era. Con la victoria y la subsiguiente desnazificación se lograron varias décadas sin guerras mundiales y la abrumadora mayoría de colonias y países dependientes iniciaron el camino a su independencia política.

Si bien los planes de dominio mundial del capital financiero fracasaron en esa instancia, hoy los retoma y agrava el complejo militar industrial norteamericano de la mano de la derecha, tanto republicana como demócrata, del estado sionista de Israel y de la cúpula de la Unión Europea, encabezada por la banquera Frau Merkel y el pirata Boris Johnson. Lo hace en plena crisis civilizatoria del sistema capitalista mundial, lo cual lo torna más agresivo y peligroso.

Las guerras desatadas por los sucesivos presidentes yanquis desde 1945 fueron fracasos militares y políticos y, lo peor, asesinaron millones de seres humanos, hechos que sin lugar a dudas son crímenes de lesa humanidad cometidos por un estado terrorista, racista y genocida. Actualmente no solo persisten en su política belicista, sino que la agravan, casos Afganistán, Libia, Siria y Yemen y en estos días la provocación contra la Revolución Bolivariana en Venezuela, instigada y financiada por Trump, ejecutada por los lacayos colombianos Uribe Vélez e Iván Duque más el monigote Juan Guaidó, toda esta banda acompañada por la claque aplaudidora del ministerio de colonias, es decir la OEA de Luis Almugre y los títeres del Grupo de Lima.

Dicha provocación es un ensayo para la invasión abierta por el Comando Sur y la IV Flota. Con esto se intenta distraer y encubrir la catástrofe humanitaria de la pandemia contra la propia población norteamericana, especialmente los más pobres y los no blancos, además de instalar una guerra en Nuestramérica, a la que defendemos como continente de paz.

De allí que una de las tareas principales de los revolucionarios hoy es luchar contra el imperialismo y su política guerrerista. Será esta la mejor forma de honrar a los héroes que masivamente dieron su vida para asegurar el futuro de la humanidad.

Rogelio Roldán

San Juan, mayo de 2020

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