8 de marzo: Día Internacional de la Mujer

Por Marta Salinas  – La mujer ha recorrido un largo camino superando la exclusión y violencia para obtener el merecido reconocimiento como persona libre, autónoma, empoderada y titular de la ciudadanía plena.

La historia nos demuestra que a la mujer se le asignó un lugar diferente e inferior, en todos los aspectos de la vida, con respecto al varón. En la Suma Teológica, Santo Tomás explica que la mujer por su naturaleza estaba sujeta al hombre. Esa inferioridad está justificada según Santo Tomás en que “la imagen de Dios se encuentra en el hombre de forma que no se verifica en la mujer”. En la Iglesia Católica fue necesario esperar hasta el Concilio de Trento que se reunió en el siglo XVI, que reconoció que la mujer estaba dotada de alma como el varón para aceptar esa verdad.-

Al formarse los estados sobre las ruinas del feudalismo, las leyes civiles relegaron a la mujer al ámbito privado, pero sin derechos, no tenía capacidad para ser propietarias ni heredar. La mujer estaba destinada para la maternidad y la obediencia. No tenía capacidad para disponer ni siquiera de los bienes que eran adquiridos con el fruto de su trabajo. La férrea opresión familiar y religiosa de las mujeres era total. En nuestro país la incapacidad de las mujeres recién se mejoró en la década del treinta del siglo pasado, con el reconocimiento de los derechos civiles a las mujeres solteras y viudas y en forma muy limitada a las mujeres casadas, pues el único titular de los bienes gananciales era el marido. Fue en 1968 que se sancionó la ley 17.711, que equiparó a la mujer casada en derechos sobre la disposición de los bienes conyugales junto al marido y la posibilidad de adquirir y vender aquellos que fueran fruto de su propio esfuerzo.-

Adquirida la capacidad civil, las mujeres comenzaron a luchar por los derechos políticos, logrando que se sancionara, el 9 de septiembre de 1947, la Ley 13.010 de los Derechos Políticos de la Mujer”, que reconoce iguales derechos políticos a varones y mujeres. Las mujeres argentinas votaron por primera vez el 11 de noviembre de 1951. En esa elección resultaron electas veintiséis diputadas y seis senadoras nacionales, – todas candidatas del Partido Justicialista. Cuando recuperamos la democracia, en el año 1983, en la Cámara de Diputados de la Nación las mujeres legisladoras ocupaban sólo 11 bancas y en la Cámara de Senadores sólo tres. Ante esta injusta participación se instituyó una medida de discriminación positiva. con la aprobación de la Ley 24.012 de Cupo Femenino en 1991, la participación de mujeres creció considerablemente. Aquella ley estableció un piso de 30% de mujeres en las listas legislativas.-

La paridad es ahora el paradigma en este siglo XXI y tercer milenio, porque consolida ética y políticamente a la democracia como sistema integral de relaciones y representación; significa una superación de la ley de cuotas; la paridad en el ámbito de la representación política integra a la diversidad de género, es una herramienta fundamental para el logro de un mayor equilibrio en el acceso a los cargos de representación política. La incorporación del principio de paridad en la legislación electoral forma parte de un cambio conceptual, donde la igualdad democrática se asocia ahora al equilibrio de género y no a un porcentaje mínimo de mujeres en las candidaturas a los cargos políticos, en las relaciones sociales y políticas y hace realidad el postulado democrático y republicano de la igualdad de las personas.- (ONU Mujeres e IDEA Internacional, 2016).-

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