«Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo.” Padre Carlos Múgica en su agonia en el Hospital Salaberry antes de expirar

El sábado 11 de mayo de 1974 Carlos Mugica estaba dando una misa en la parroquia “San Francisco Solano” en Mataderos. Una mujer que concurría con frecuencia a las misas que ofrecía en el barrio, notó esa tarde una presencia “extraña” entre los concurrentes. En el último banco se encontraba un hombre robusto, de “bigotes achinados”, cabello negro, vestido con campera y un pantalón oscuro. La mujer no le quito la vista de encima, porque le llamó la atención el desinterés que el hombre mostraba por lo que estaba sucediendo.

 Una vez finalizada la misa Mugica se quedo conversando con algunas personas, mientras esperaba a Ricardo Capelli, uno de sus colaboradores más cercanos y además, su amigo. Capelli no había concurrido ese sábado a la misa pero habían acordado que pasaría a buscarlo para llevarlo a la localidad de Lanús y luego a un asado.

Salieron juntos de la parroquia y se dirigieron al auto de Capelli. En el camino un hombre lo llama, “padre Carlos”, Mugica se aleja de su amigo unos metros, Capelli continua caminando hacia donde estaba estacionado el auto. Sin esperar un segundo, el hombre de “bigotes achinados” que había llamado la atención de la mujer dentro de la parroquia, disparó cinco veces sobre Mugica. Años después se supo que se trataba del subcomisario Rodolfo Almirón, uno de los jefes operativos de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) y colaborador del comisario Alberto Villar, jefe de la policía federal y creador de la Guardia de Infantería.

Capelli vio caer a Mugica y recibió disparos hechos por otra persona que estaba junto con Almirón. El padre Jorge Vernazza, un cura amigo, corrió desesperado al oír los disparos. Los vio a Mugica y a Capelli tirados en el piso, desangrándose. Pidió ayuda a unos vecinos y lograron subirlos a un viejo Citröen que los condujo al Hospital Salaberry. El médico de guardia dijo que Mugica había recibido cinco disparos en abdomen, tórax y en el brazo izquierdo, mientras que Capelli tenía uno en el tórax. Mugica murió allí. Antes de morir, alcanzó a decirle a una enfermera: “Ahora más que nunca tenemos que estar junto al pueblo.”

Dejar respuesta

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí