Carta abierta – Así nos obligó el COVID 19 a despedir a mi abuelo

Por Andrea Paredes López – No es mi intención generar morbo, sino un golpe de realidad que quizá ayude a los que todavía no creen en el barbijo o la distancia social a entender lo importante que es cuidarse uno y cuidar al otro.

Hoy, para despedirnos, eramos 4. Sus hijos, mis tíos, no pudieron estar. Sus nietos, mis primos, tuvieron que despedirse por WhatsApp. Su esposa, lo lloró desde su casa.
Toda su familia y amigos, repartidos por la provincia y el país, lo despidieron por celular.
Ni siquiera nosotros, dueños de la clínica, pudimos verlo.

Los hijos que sí pudieron estar, no pudieron vestirlo porque tenía que estar en una bolsa especial. 3 personas sin rostro, vestidas con todo lo que demanda el protocolo y desinfectando cada paso, se encargaron de colocarlo en su ataúd y llevarlo al cementerio.
Yo no lo veía desde marzo, y lo ví por última vez en una video llamada desde la UTI, gracias a los chicos que desde el área de aislamiento se tomaron unos minutos dentro del caos para permitirnos ese ratito.

Aún con los mejores médicos, enfermeros y personal DEL MUNDO, que se comportaron como otra parte de la familia, y adhiriendo a todos los tratamientos experimentales y no, el virus ganó otra vez.

Ojalá no tuviera que tocarle esto a nadie más. Despedirse de un padre, un tío, un esposo, un abuelo o un amigo de esta forma.

Tengo la suerte ENORME de tener un sistema de soporte increíble, porque a pesar de la distancia, nos sentimos super amados y acompañados tanto por la familia de sangre como por la familia de cariño que tenemos. Que mal de nuestra parte que tenga que pasar algo tan extremo para darnos cuenta de lo importante que es el contacto humano y que, aunque vayamos contra viento y marea, no podemos solos. Que está bien pedir ayuda. Que está bien dejarse ayudar.

Gracias infinitas y desde lo más profundo de mi alma a todos los que están y estuvieron ya en persona, por mensaje o en sentimiento. El amor se siente, el cariño que recibimos es increíble y nos ayuda de una forma que no me es posible explicar.

Gracias a todos los médicos y médicas de todas las áreas de INCOR que sacan fuerza de donde no tienen y la luchan todos los días a pesar de, a veces, tener todos los pronósticos en contra.


Gracias a todos los enfermeros y enfermeras que dejan de lado el estrés para dar un poco de paz tanto a pacientes como familiares.
Gracias a todo el personal de limpieza y lavadero que se expone todos los días para cuidar a todos los que estamos ahí.


Gracias a la gente de laboratorio, hemoterapia, imágenes y cocina que hacen un trabajo tremendo y excelente con tanta tensión encima.
Gracias a toda la gente de consultorios, admisión y administración que se han convertido además de en los mejores compañeros de trabajo, en compañeros de vida.
Gracias a toda la familia de sangre y de cariño que se unió y se hizo sentir más que nunca.

Gracias a todos. Todo mi amor y cariño para cada uno de Ustedes. Son EN EXTREMO importantes para mí.

Ojalá que esto pase pronto, y que cuando por fin podamos juntarnos, no nos falte nadie más.

EL BARBIJO SI AYUDA.
LA DISTANCIA SOCIAL SI ES IMPORTANTE.
DONAR PLASMA SALVA VIDAS.

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