Deolinda y una vida signada por la violencia y los procesos endebles

Deolinda había intentado denunciar a su ex pareja y padre de sus hijos, pero la feria judicial se interpuso y la vida de ella tuvo que esperar, a su suerte, un desenlace que bajo ningún aspecto resultaría sorpresivo para la justicia encargada de garantizar su seguridad, ni para las fuerzas encargadas de resguardarla.

Víctor Condorí era su ex pareja, padre de sus hijos, albañil y según su autopercepción, dueño de Deolinda. Condorí no esperó que culminara la feria judicial, como ningún femicida espera la disposición de los procesos legales, ni los respeta por alguna cuestión superyoica.

Es por eso, que no tuvo ninguna dificultad, ni reparo, para cumplir su promesa. Fue en la madrugada del 8 de Enero de 2018 que se dirigió a su lugar de trabajo para buscar una barreta de hierro, con la que logró abrir la puerta de la vivienda de Deolinda, ubicada en el Barrio Carlos Onneto.

Deolinda dormía con quien fue en ese momento su pareja, Iván Herrera, quien se despertó pensando que se trataba de un robo, pero al ver a Condorí con una Barreta en la mano entendió que ese no era el escenario. Condorí se abalanzó a Ivan, propinándole diez golpes en la cabeza, mientras Deolinda le rogaba que se detuviera. En ese momento Herrera aprovechó para escapar por una de las ventanas de la vivienda, mientras que Victor Condorí aprovechó para golpear salvajemente a Deolinda.

Víctor y Deolinda se conocieron cuando ella tenía 14 años y él 18. La primera vez que la golpeó fue un año después de conocerse, a parir de ese momento la relación se construyó sobre cimientos de violencia psicológica y física. Así lo advirtió la Psicóloga que el 25 de Noviembre de 2017 la recibió y calificó la situación de la víctima con “Alto riesgo de vida” por lo cual, el fiscal promovió acción penal con carácter de urgente por el delito de “Lesiones Leves Calificadas” según Artículos 89 y 92 del Código Penal.

Además, desde el Ministerio Público Fiscal también solicitaron al juez de instrucción que diera intervención al Juzgado del Menor, para “resguardar la integridad física y psíquica” de los hijos de la víctima, porque según consta en la denuncia, los menores habían presenciado duros episodios de violencia. Aquél 25 de Noviembre, Deolinda había declarado en la Unidad Fiscal de Violencia de Género que Condorí la ahorcó hasta desmayarla, que Luego la despertó a cachetazos y la siguió asfixiando con sus manos. Mientras su hijo de 4 años le rogaba a su padre que no mate a su madre.

Se solicitó una orden de restricción, sin embargo, un papel reposando en un despacho no es impedimento para un femicida. Deolinda sobrevivió dieciséis años al lado de Víctor Santiago Condorí ¿Cuántas veces, extenuada por los golpes, habrá caído desmayada? ¿Cuántas veces él la habrá despertado solo para seguir alimentado su masculinidad frágil, su ira y su carencia de amor? En la madrugada del 8 de enero Deolinda cerró los ojos y no los volvió abrir. Murió en la ambulancia, camino al hospital.

El informe forense arrojó que “Murió por un politraumatismo de cráneo y que presenta signos de defensa en las manos” Las mismas manos que durante 16 años intentaron defenderse y defender a sus hijos, las mismas manos que cocinaban en el barrio para alimentar a otras familias que, como ella, eran abrazadas por la pobreza y la asistencia social paliativa.

Deolinda cerró sus ojos y retumbó el grito de las mujeres en nuestra Provincia, hasta lograr un Juzgado de Violencia de Género.

Sin embargo, el Caso de Deolinda y el Juicio de Victor Condorí sigue en manos de Gustavo Farías quien dictó procesamiento y prisión preventiva a Victor Santiago Condorí. Hoy inició el juicio y su femicida se negó a declarar haciendo uso de su Derecho Constitucional. Pero para Deolinda no hubo derecho a vivir en paz, no hubo resguardo, no hubo justicia.

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