El Che Cumple 92 años – “Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice”

Por Rogelio Roldán – El «Che» Guevara es un referente indiscutido de los pueblos. Lo es por su pensamiento, por su acción y por su mística, que lo llevó a anidar en el corazón de vastas masas como mito laico moderno, lo que fortalece la subjetividad y la confianza en la lucha, además de humanizar la acción política y derrotar los antivalores posmodernos que aíslan y achatan a las personas.

“Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice”

“¿Quién era ese dulce vagabundo
ocupado a tiempo completo
en resolver fantasías?”

El 14 de junio el Comandante Ernesto “Che” Guevara cumple noventa y dos años. Para decirlo con sus propias palabras, pronunciadas en un homenaje a Camilo Cienfuegos: “No me gusta intervenir en aniversarios de los compañeros caídos, porque con el tiempo esto se va haciendo una costumbre, una efeméride…, pero, tratándose de un gran revolucionario como Camilo, amerita hacerlo”. No quiero en esta nota sumarme a los homenajes fúnebres, sí mirar la lucha de clases en nuestro país, hoy, con la mirada del Ché, que nos dejó como legado principal sus ideas, su pensamiento y su ejemplo.

El 8 de octubre harán cincuenta y tres años del asesinato del Comandante Guevara a manos de la CIA y la dictadura de Barrientos en Bolivia, pero el Che sigue al frente de las fuerzas que apostamos a un nuevo mundo, donde esos desperdicios de la historia ya no cabrán ni siquiera en el olvido de los pueblos.

Su propuesta: “Decir lo que se piensa y hacer lo que se dice”, expresa sus valores de ética y moral combativa, su calidad de militante que nunca eligió el camino más fácil, sino el camino revolucionario para resolver cualquier objetivo, fuera éste grande o pequeño. Por eso el pensamiento y la práctica del Che tienen absoluta vigencia y actualidad.

Su aguda visión de la lucha de clases le hizo encarnar con su vida -ese es el ejemplo más duradero- una estrategia, un programa y un estilo de lucha por el poder para construir una sociedad alternativa; no sólo ni tanto por su crítica y su elaboración de un socialismo que en nada se parece a las simplificaciones estatistas y economicistas de la antigua Unión Soviética y el este europeo, sino por el rol de las masas populares, quienes a la vez que transforman las relaciones de propiedad se autotransforman, desalienándose y construyendo el Hombre y la Mujer Nuevos, dando sentido y razón a la lucha por el poder. La idea del Che: “El socialismo como sistema de repartija económica no me interesa, sí como fundador de una identidad humanista revolucionaria”, es uno de sus aportes originales al desarrollo del marxismo como ciencia y arte de la revolución.

Otra contribución principal es el recuperar -como determinante- la cuestión del factor subjetivo: acción conciente y organizada de las masas populares, que cambian al mundo con la revolución, sin esperar la “maduración gradual de las condiciones materiales objetivas” como se justifica el posibilismo. Por eso los reformistas acusan al Che de “Quijote” y “aventurero”. El demostró -sin ninguna concesión al dogmatismo, al sectarismo ni a la adaptación posibilista- que el desarrollo del factor subjetivo, esto es el rol conciente de las masas, exaspera todas las contradicciones y acelera la maduración de la situación revolucionaria, aun cuando la base material -económica- no haya llegado al punto culminante de la crisis, como lo confirmaron con su compañero de pensamiento y lucha, el Comandante Fidel Castro.

Es actual y muy rico su aporte teórico. El marxismo concibe a la teoría indisolublemente ligada a la capacidad de transformar, enfoque antagónico a toda abstracción especulativa o vulgarización repetitiva. De ahí su originalidad de concebir al marxismo con un enfoque integral, regresándolo a su verdadero lugar: teoría crítica del capitalismo y práctica revolucionaria creadora. El Che sale al encuentro de las visiones marxistas “oficiales”, del teoricismo académico y de las autoproclamadas “vanguardias”, que coinciden en privilegiar aspectos parciales, llevando, por uno u otro camino, al predominio del fatalismo histórico, el cual refiere todo el problema al mayor o menor desarrollo de la base material, del factor objetivo.

Valoró el papel estratégico de la unidad de la izquierda, en el marco y como parte de la unidad férrea del campo popular, entendiendo dicha unidad como un gran aporte a lograr el ascenso de vastas masas a una política propia, históricamente independiente y con una perspectiva explícita de lucha por el poder: “…ahora, los explotados y vilipendiados del mundo han dicho basta y han echado a andar”. Tuvo una firmeza intransigente acerca de la necesidad histórica de un partido revolucionario de combate para representar políticamente a los oprimidos, tomar todo el poder del Estado y hacer la revolución para construir el socialismo, dando a un lado las propuestas de solo “reconstruir el tejido social” y la prédica del apoliticismo y la desorganización. Todo ello, junto a su internacionalismo consecuente, expresado en Cuba, el Congo y otras geografías, y sintetizado en sus planteos: “…luchar contra cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”, o “…crear uno, dos, tres, muchos Vietnam”, son componentes de esa originalidad.

Ernesto Guevara elaboró un enfoque riguroso del antiimperialismo, manifestado, por ejemplo, en su actuación en la Conferencia de Punta del Este, donde hizo una crítica demoledora a la llamada “Alianza para el Progreso”, -“para el regreso” la bautizó- que inventó el imperialismo yanqui como maquillaje de la dependencia e intento de llevar las luchas populares a un camino sin salida.

Igualmente lo expresó con claridad meridiana en el discurso de Argel, el 24 de febrero de 1965: “Desde que los capitales monopolistas se apoderaron del mundo, han mantenido en la pobreza a la mayoría de la humanidad, repartiéndose las ganancias entre el grupo de los países más fuertes. El nivel de vida de esos países está basado en la miseria de los nuestros; para elevar el nivel de vida de los pueblos subdesarrollados hay que luchar, pues, contra el imperialismo. Y cada vez que un país se desgaja del árbol imperialista, se está ganando no solo una batalla parcial contra el enemigo fundamental, sino también contribuyendo a su real debilitamiento y dando un paso hacia la victoria definitiva”. Hoy, con la mundialización irrestricta de la circulación del capital financiero especulativo, pomposamente llamada “globalización” -que pretende justificar la extracción ampliada de plusvalía laboral y nacional a los pueblos, además de depredar el ecosistema planetario-, estas caracterizaciones que hizo el Che son aún más vigentes que en 1965.

El Che es un referente indiscutido de los pueblos. Lo es por su pensamiento, por su acción y por su mística, que lo llevó a anidar en el corazón de vastas masas como mito laico moderno, lo que fortalece la subjetividad y la confianza en la lucha, además de humanizar la acción política y derrotar los antivalores posmodernos que aíslan y achatan a las personas.

Porque era un revolucionario cabal se hizo marxista. Porque dominó en profundidad al marxismo, y lo innovó, se pulió como revolucionario íntegro. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el guevarismo es una muy sólida base para el desarrollo creativo del marxismo en el siglo 21.

Los luchadores de hoy nos esforzamos porque el Che, como guía, presida nuestra militancia cotidiana a partir de nuestra más firme aspiración a seguir su ejemplo, a emularlo en la lucha política-ideológica y a construirnos a la altura de revolucionarios que él reclamaba.

Rogelio Roldán

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