Fueguito de las tardes de otoño

Por Rupachico – Hace unos años, allá por los 90’, un grupo de “cazadores” tiroteó furtivamente el cartel que señalizaba el lugar en que asesinaron a Monseñor Angelelli.  Ayer un camión del Municipio de la Capital de La Rioja destruyó uno de los murales artísticos, realizado  por dos autores riojanxs,  como Diana Guzmán y Nicolás Busto, en la Plaza de la Memoria.

 Con el tiempo uno puede concluir que no hay casualidades cuando se trata de destruir la potente construcción de la Memoria,  que no cesa de sobreponerse a los perversos dispositivos del olvido.

Tanto ayer como hoy queda a las claras que quienes lo hicieron sabían lo que hacían, que nadie puede ignorar lo que destruye.

Una vez más se demuestra que todos los días “lxs cazadores de la memoria” están agazapados y siempre al acecho para sabotear  todo lo que nos haga re-encontrarnos con los sueños, con las utopías que supimos conseguir.  Estxs seres se han incrustado en la conciencia individual de vastos sectores de nuestro pueblo, que asimilan dosis constantes de noticias desde medios que integran el poder económico y que son voceros del orden establecido, ligado a todo lo que sea mantener el viejo modo de vida occidental y cristiano. 

No quedan dudas que la pandemia nos hace profundizar la reflexión y llevarnos al laberintico mundo de las equivocaciones, sobre todo la mía, pero el maravilloso ejercicio  de la memoria es más fuerte y nos abre una ventana de aire fresco al que “los cazadores” nunca podrán saltar.

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