Gracias por la generosidad, Horacio

Gracias por la generosidad, Horacio
«Queremos despedir a un compañero. Así lo consideramos desde AGENCIA PACO URONDO, quienes conocimos en carne propia la enorme generosidad que caracterizó a Horacio González». Por Santiago Gómez y Enrique de la Calle.

Muchos otros/as hablarán más y mejor sobre lo que fue Horacio González como uno de los intelectuales más importantes de la historia argentina. Lo nuestro es mucho más humilde.

Queremos despedir a un compañero. Así lo consideramos desde AGENCIA PACO URONDO, quienes conocimos en carne propia la enorme generosidad que caracterizó a Horacio González. No fuimos sus amigos ni compartimos generación. Pero eso no impidió que lo sintiéramos muy cerca desde que éramos un blog, hace 15 años. Llegábamos con más pelo y menos canas pero siempre como jóvenes alumnos que se quedaban después de clase con preguntas y él siempre dispuesto a contestar.

En Horacio reconocíamos a uno de los nuestros aunque nunca pudiéramos pensarnos alguien como él. Desde la facultad siempre estuvo dispuesto a socializar su conocimiento para contribuir a la construcción de una patria soberana, justa, solidaria. Cada charla con él podía durar lo que uno quisiera. González siempre estaba predispuesto a la siguiente pregunta. En esta década y media, lo debemos haber entrevistado más de 30 veces, en los contextos más disímiles: aniversario de la Contracumbre del ALCA, homenaje a Evita, presentación de un libro sobre CFK, marcha contra Macri, encuentro de militancias sindicales, acto en la Biblioteca, homenaje a Néstor Kirchner, etc., etc.. Además, por supuesto, de las entrevistas pautadas, también sobre todos los temas posibles: peronismo, kirchnerismo, Cristina, medios de comunicación, Cooke, historia del periodismo, religión, Papa Francisco, el legado de Kirchner, el mito de la cautiva. Siempre, la predisposición a la charla de Horacio.

Cuentan personas que lo conocieron de las Cátedras Nacionales, en la mítica década de los 70 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, que ya por entonces le decían “hablá claro, Horacio”, algo que no podemos negar que no hubiera conseguido. Porque podía ser “difícil” leer a Horacio pero siempre invitaba a su lectura (con ese estilo tan particular con el que abría mil discusiones mientras podía recorrer 10 cuestiones diferentes). Además, su prosa sobrecargada no era una excusa para no involucrarse en la polémica coyuntural (jugaba fuerte Horacio), como cuando dijo que votaría «desgarrado» a Daniel Scioli o, en la úlitma entrevista que nos dio en 2019, pidió «reescribir la historia argentina» de forma de incorporar «una valoración te diría positiva de la guerrilla de los años 70 y que escape un poco de los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable».

En APU, González era “Horacio”: “El domingo salimos con entrevista a Horacio”, “Horacio se copó y va a escribir una nota” y quienes recibíamos la noticia festejábamos contentos/as. Jóvenes militantes (ya cada vez menos jóvenes) viviendo una realidad compleja con la posibilidad de conversar mano a mano con uno de los intelectuales que más y mejor pensó nuestra historia, la del campo popular.

Horacio González pensó, leyó, escribió como un militante del campo popular, entendiendo la historia como la forma que adquiere la correlación de fuerzas. Supo sentir lo que fue que pocos lo escucharan durante los ochenta y noventa, así como sentir el merecido respeto y reconocimiento que recibió después de la llegada de Kirchner al gobierno. Del gobierno hacían parte sus compañeros, de Nicolás Casullo ya había escuchado hablar de Néstor y acompañó el proyecto asumiendo la responsabilidad de dirigir la Biblioteca Nacional. “A un presidente no se le puede decir que no”, reconoció sobre el pedido que le hiciera Kirchner para asumir esa responsanbilidad.

A diferencia de otros intelectuales que prefirieron conservar el prestigio que les daba la poca peligrosidad de sus palabras, aunque fueran convocados por Kirchner, Horacio no dudó en contribuir a la creación de un espacio para organizar el pensamiento nacional y popular y junto a otras valiosísimas personas crearon “Carta Abierta”. En aquel 2008, durante el conflicto con “el campo”, “Carta Abierta” participó activamente en el debate (también estuvieron en las calles) que tuvo lugar al interior del progresismo sobre lo que significaba el kirchnerismo. “Se quebró la familia progresista”, dijo en ese momento Ernesto Tenembaum sobre esa grieta. En el caso de González, por ejemplo, aquellas discusiones terminaron con una larga amistad con Martín Caparrós. Tenembaum y Caparrós prefirieron esa comodidad de los que nunca arriesgan nada.

Cuando en APU creamos la sección Relámpagos, con el objetivo de reivindicar los ensayos como prácticas de pensamiento (y porque nosotros/as también necesitábamos un espacio para compartir nuestras críticas y delirios intelectuales) le pedimos a Horacio que escribiera para la sección. Cuando junto con Mala Testa editamos y publicamos los Cuadernos Relámpagos, para el primer número elegimos publicar un texto de él, de Horacio.

Perdimos a un gran ser humano, compañero, solidario, muy generoso y cariñoso, porque siempre nos demostró un cariño enorme. Nos queda su obra para continuar pensando nuestro presente y planificar el destino de nuestro futuro. Nos quedan las entrevistas, sus textos y sus exposiciones (Horacio podía hablar en cualquier unidad básica, a cualquier hora, aunque lo escucharan 10 personas) para volver a verlo, escucharlo y seguir compartiendo su pensamiento que vivirá en la historia popular por siempre.

Querido Horacio, tus compañeros y compañeras de APU te agradecemos, sin poder despedirte. Nuestros sentimientos para su compañera Liliana, sus familiares y para todos/as los que van a sentir su falta. Hoy todos/as estamos un poco más solos y mucho más tristes.

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