Literatura – La danza de los duentes

Por Hugo Doliani – Relato VII – Cuando de las paredes bajan duendes, con aquellas viejas tizas de sastre que habitaron ese lugar, se entrelazan historias atemporales que van y vienen en cada relato. Veo un duende bailando sobre la heladera que regalaba Eva Perón, otro sobre la vieja vitrola y, uno más, haciendo funcionar la vieja máquina de cortar fiambre a manija, que durante un corte de luz reavivó su antigua función sacando del paso a Agustín que, al revés de la historia lógica, pasó de la electrónica a la manual en cinco minutos que también revivieron a la antigua balanza. Los adornos decorativos demostraban que no estaban de solo estar, como aquellos fuegos de Animaná, o como un AM que hacía política, casi sin querer o -mejor dicho- al pasar.

Después de todo, como dijo Henri Barbusse, “hacer política es pasar de los sueños a las cosas, de lo abstracto a lo concreto. La política es el trabajo efectivo del pensamiento social; la política es la vida”. Y de eso, AM se nutría porque en realidad todo es política, algo que se disparaba en cada mesa, desde cada charla, hasta encontrar la síntesis en el viejo mesón, desde donde salían los títulos del día que incrementaban el placer de las excelentes picadas.
La sabiduría popular se cruzaba con la doctoral, que bajaba al llano también para nutrirse del sentido común de la práctica y de cómo iban tomando forma los componentes y el porqué, de la ideología.

Zafinni, Loli Molina, Domingo, el Cura Delgado y Cacho Luna, batían política con filosofía, una pizca de economía, hablaban alto hasta un consenso conciliador, para que el grito no molestara al duende que trataba de andar en la bicicleta que colgaba de la pared. En fin, cuando todo superaba la realidad, Gaby, Luz, Leticia y Lourdes, bajaban la deuda con el género, lo etario y la solidaridad, a lo terrenal y a lo posible.

RQ en el mesón, esquivando la cabecera, escuchaba a Fernando, al Oso, a los dos Machi , al Negro y una claque que nunca falta, esperando la palabra para aplaudir, algo que RQ nunca buscó. Solo se trataba de persuadir, como casi candidato a diputado provincial, para la unidad que construía en aquel entonces, en tiempos de Beder, para llegar a la gobernación que algún día amanecería.

“Frente al adversario, tenemos que unirnos, y si se transforma en enemigo del Pueblo, como el neoliberalismo, tenemos que estrechar filas, hacernos valer con prepotencia de trabajo, escuchando, consensuando, sumando, porque todos los compañeros son valiosos más allá de algunas visiones diferentes, solo unidos triunfaremos, lo pensamos, lo cantamos y ahora debemos demostrarlo, construirlo, la hora está por llegar”, dijo un RQ serio, con una mirada profunda, causando un silencio más demostrativo que el mayor aplauso. Y cuando los silencios hablan, lo mejor es dejar de hacerlo, estaba todo dicho. AM cayó con una nueva vuelta y, mirando al Gitano, un guiño de ojo y expresó:
-Aprovechen, es la última y la casa invita. Y fue la última.
Solo los duendes se atrevieron a un rato más, sonó tenue la victrola y por las paredes de viejos ladrillos, los duendes parecían cantar la marchita…y desaparecieron como vinieron.
Era hora de ir a dormir, algo difícil esa noche…pero eso es otro sueño…eh, digo, otra historia. (CONTINUARÁ)

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