Literatura – La veredita de Papagrande

Por Hugo Miguel Doliani – Relato III – La antesala del mesón de La Jamonería de Armando, era la veredita que, de mañana con sol, o de noche con luces amarillentas, era un paisaje de voces donde el sueño de La Rioja era una realidad mística, donde reinaban la fe y la esperanza por sobre la cansina y reiterada Rioja feudal, que tendría un destino final, predestinado en los sueños.

Ese destino sueñero se esparcía, entre mates mañaneros y picadas nocturnas, pispiando tras el ventanal las esperadas reuniones de los que iban perfilando el destino de una Rioja Querida.

Algunos nombres salteados, fundacionales en Papagrande (a partir de ahora PG), con Armando Molina (desde ahora AM) de anfitrión, puedo ir nombrando a los más cercanos. Gaby Pedrali y Luz Santángelo, cuasi inseparables eran un ala femenina, aunque no la única. Luis Planas, Lucho Contreras, Federico Domingo, Alejandro Zafini, el recordado Cura Delgado, Pepe Vega, por nombrar algunos mayores (aunque no tanto como yo, si de viejos hablamos). Kilo siempre, como por lógica Agustín y una punta de lanza de la juventud inicial, con Chaniel, Samuelito, Saúl y tantos otros, pero era solo el comienzo, algo así como los alrededores del tablón, es decir, de los sueños.

Ser barajaban sectores, en naipes políticos, solo uno hablaba y sostenía la unidad como bandera, pero ya llegaremos a ese dúo…¿Qué dúo?, dale no jodás…¿o no estuviste en PG?

La bicicleta blanca motorizada, una especie de “pre-pumita”, estaba apoyada en un rincón de la vereda. El sol no me permitía sacar los lentes negros, aún. El mate cargado y la bombilla a un costado, esperaban el agua caliente y AM pasaba el lampazo, porque si algo tenía que brillar, era PG.
– Traé el agua, que vas a gastar el piso.
Sin impaciencia, le dije al pasar solo para que sepa que había llegado.
– No se gasta nunca, tiene que brillar.
Y me dijo interrogando como para afirmar, algo que AM sabe hacer muy bien:
– ¿Sabes que pasa? Si no la frotamos no brilla, es como La
Rioja, si no la frotamos entre todos, nunca va a brillar.
Me dejó pensando, en el frotar juntos estaba la unidad, el brillo podía nacer solo con una gestión que no pare de trabajar. Lo dije en voz alta y AM sonrió
– ¿Te diste cuenta Huguito? Gritó mientras entraba a guardar
sus enseres.
Que me digan Huguito a un jovato como yo, ya me disponía bien aquella mañana. Me quedé pensativo, que La Rioja brille, el solcito abrigaba ese invierno. Un sueñito colgaba como una telaraña, suave…

– Ya está, hablemos
me sorprendió AM trayendo el ansiado termo.
– ¿Frotamos la charla?, me dijo.
– Dale… hasta que brille.
Y esa charla fue otra historia. La Rioja esperaba y PG ya brillaba hasta la veredita soleada. Ya era un comienzo…(Continuará)

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