Lo esencial es invisible a los medios de la oposición

Foto: Archivo Papa Grande Gentileza de Armando Molina

Con cada nueva aparición pública,  Ricardo Quintela profundiza sobre la reapertura económica, reflejando la solvencia del  gobierno a la hora de planificar;  pero al mismo tiempo hace visible su enfoque sobre la realidad y el  particular estilo que caracteriza su práctica política. En estos tiempos,  atravesados  a nivel global por crisis de representación, vale la pena detenerse a analizar y valorar el estilo de un referente popular. Por Alejandro Romero  

A principios de semana, el gobernador visitó “El Interpretador”,  en  Canal Trece,  para ser  entrevistado durante casi una hora   por el periodista Julio Laboranti.  En ese marco, el  mandatario recorrió los  distintos temas que hacen al debate público de actualidad, en su mayoría vinculados a la pandemia;  pero también aquellos que hacen al trasfondo de gobierno y a la  comidilla política operada desde la oposición. 

Más allá de los importantes  anuncios (un tendal),  que apuntaron a las demandas que interpelan el presente, se hace necesario leer entre líneas y   hablar de la  construcción humana que hace al estilo de un gobernante como Ricardo Quintela. ¿Por qué no interpretar a quien nos interpreta? más aún cuando se trata del perfil de  liderazgo de un referente popular cuya manera  de percibir y decidir sobre la realidad, hace a la esencia del gobierno que tenemos. ¿Por qué dejar fuera del relato esa esencia?  

Gran parte de la sociedad riojana conoce a Ricardo,   porque quizás trató con él a lo largo de estos años,  pero mejor aún, la mayoría  lo conoce  porque fue alcanzada por la mística del movimiento popular que creció en torno a su persona,  que es en definitiva el que levantó su imagen para  lograr la gobernación. Ahora bien,  para que  este movimiento popular se consolide y siga creciendo junto al Frente nacional y popular, federal y feminista,  se hace necesario no perder de vista que  quien conduce no es precisamente un político salido de la escuela liberal, sino una construcción humana, formada en el ida y vuelta de la práctica política, social y estatal y si no valoramos esto, como se dice, habremos sido felices sin darnos cuenta. 

Desde que asumió la Gobernación, el reflejo político que caracteriza a Ricardo Quintela hizo visible  su estilo, incluso  a nivel nacional, por sus apariciones en C5N  planteando  problemas y soluciones de una provincia fundada a 1000 kilómetros de la Avenida General Paz; pero  también por haber sido  expuesto por  los medios hegemónicos y sus franquicias locales,   que  no resisten la tentación de ir tras algún furcio,  o alguna  polémica descocada, irresistible para denigrar la imagen de un gobernador peronista. Y es allí justamente, a  donde ellos ven debilidades, a donde se encuentra su fortaleza. 

Lo cierto es que hasta el momento los ataques de los  medios porteños nunca resultaron. Sus operaciones siempre rebotan en contra;   no entienden  la solidez de la relación entre un dirigente popular y el pueblo. Esto no quiere decir que la posición está ganada para siempre;  en todo caso son razones y sentidos que siguen  en disputa,  en un frente cultural  que seguirá abierto mientras siga la lucha contra la opresión.   

Resumiendo y remarcando: con cada nueva exposición pública, el Gobernador muestra el rostro de un dirigente popular en la responsabilidad de gobernar. Su oralidad; los elementos de su discurso,  sus respuestas y hasta sus emociones,  se corresponden con una construcción humana  forjada en la base social.  Es algo que tiene que ver con la identidad, es personal y colectivo; es lo que maduró al ritmo del pueblo riojano durante los 40 años ininterrumpidos de democracia, para florecer oportunamente en este presente de unidad.

 Por todo esto, quizás sea importante no pasar de largo y mirarnos en esa construcción,  para valorarla como propia y entender que es tiempo de jugarnos de verdad por el sueño colectivo de justicia social. Para esto habrá que mirar  más allá de los prejuicios y de cualquier conveniencia personal o corporativa. En las antípodas de esta construcción,   se encuentra el perfil del político “profesional” liberal, funcional al estado burgués y al centralismo económico financiero; el que hace de su imagen un objeto de consumo; el  que marca bien las consonantes cuando habla sin parar, pero al final termina respondiendo a los intereses de su propio éxito,  porque ha hecho de su figura una oferta de mercado.      

Los medios que defienden  los intereses de  sectores concentrados y de la oposición oligárquica, difícilmente puedan reflejar  la coherencia de criterio que  viene sosteniendo el gobierno de Quintela;  menos aún reconocerán   la flexibilidad táctica y  la solidez técnica del  equipo de este gobierno. En definitiva, niegan la eficiencia de un gobierno popular,  porque para transferir más riquezas a sus sectores necesitan tener el control del Estado y para esto necesitan romper la unidad y destruir los gobiernos populares.

Entonces,  no está mal pasar de largo  lo obvio y mirar con los ojos de pueblo  al “Gitano”,   que es capaz de pararse de manos ante cualquier canal y  responder con naturalidad lo que supone puede ser urticante. No está mal confiar  que mientras más tramposas se pongan las preguntas mejor madurarán sus respuestas. Acaso no es esa la naturaleza del pueblo, que responde  espontáneamente,  cortito y al pie; que pelea con el más grandote sin dejarse agarrar, pero tampoco se va tan atrás, para no quedar a tiro de boleo.  Por qué no mirar y reconfortarnos de  lo difícil que les resulta a los mal intencionados arrearlo a lugares donde él no quiere ir, y sentirnos orgullosos del conocimiento íntimo que un referente  tiene de las realidades de su pueblo, las  cuales  tiene el deber de  solucionar. O por qué no creer que al poder popular  se lo construya con altruismo. Aprenderemos algún día que las respuestas más precisas  están más allá del blanco y el negro y  que las  soluciones a los problemas  de la comunidad,  se encuentran en sutilezas que solo en la práctica se pueden develar. 

Para la Justicia Social del peronismo,  la doctrina se podría resumir  en tener una mirada  preferencial hacia los que más necesitan y lealtad hacia quienes te acompañan en el camino del poder,   y esto no se mama en la academia,  sino que se construye colectivamente  en el territorio, junto a la gente.

Volviendo a lo anterior, ¿No será  reconfortante  descubrir  que el gobernador pelea políticamente  con los códigos del pueblo al que abraza?  Conjugando experiencia, valentía y sentido de la oportunidad,  avanza con audacia hacia dónde quiere ir. No emite juicios de valor, jamás una descalificación,   su mirada es transversal a las demandas de todos los sectores y su opción,  vertical en beneficio de  quienes  menos tienen. En su práctica  hace  sencillo aquello que para otros,  ni por cerca. Entonces,  por qué no valorar lo que tenemos,  por qué negar  que Ricardo es  dueño de  una formación política y una trayectoria  que bien le vale el lugar de conductor del movimiento popular riojano.

Foto: Campaña Frente de la Esperanza 1995 – Archivo Papá Grande, gentileza de Armando Molina

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