Nestor, ese flaco avivador de fuegos

Opinion

Por Delfor «Pocho» Brizuela – Hoy es 27 de octubre. Hace 10 años era el censo nacional y, en aquella mañana temprano, la ciudad estaba desierta y no habia negocio abierto para comprar unos criollitos para el mate. En ese momento siento la noticia de la muerte de Néstor Kirchner: que lo parió!! fué la reacción en soledad, confundido en el desconcierto, la sorpresa y una especie de indignación y bronca.

Hoy rememoro ese instante gris y atino a releer con avidez, salteado y presuroso, el libro intenso,vertiginoso, del «Topo» Devoto: Néstor, el hombre que cambió todo.

Recuerdo entonces que este 27 de octubre, se cumplen 10 años de su muerte, que fué como un rapto inesperado e incomprensible.

Surge de mis entrañas, un grito suplicante: «flaco, por qué te fuiste,»la pucha que te necesitábamos». Y el alma se me estruja de preguntas y lamentos, a esta altura inútiles.

Te recuerdo sonriente, exultante y desbordante aquella mañana fresca y nublada en Chamical, cuando llegaste como un trueno, con «traza» de niño. Contigo venia Alberto Fernandez, Anibal, Eduardo Luis Duhalde y Claudio Morresi.

Te bajaste antes del auto, a contramano de almidonados protocolos, para despeinarte con saludos, largos,»lungos», como tu estatura de hombre,de militante y de presidente.

Entraste a los pechones de ansiedades, por agradecerte que la Patria esté de camino y no a la deriva, fugitiva, desarmada de sueños y horizontes.

Te recibí del lado interno de la puerta,de la casa contigua a la Parroquia que lucia más linda y prolija, que la vieja casona parroquial, y sin saber bien quién era, me estampaste un abrazo como si me conocieras de siempre. Alguién te apuntó, presuroso y con voz baja:es el cura. Y sin preocuparte demasiado me volviste a saludar con el mismo gusto y calidez del principio.

Saludaste uno a uno a otros curas, algunas monjitas, al Obispo, algunos familiares nuestros, ex presos politicos y familiares de desaparecidos, como mis viejos y Carlitos Ferreyra, que estalló recitando la chaya final de la cantata, que te dejó con el pocillo de café a mitad de camino ante tú sorprendido gesto de admiración emocionada por aquellas palabras elocuentes y hermosas.

Después te contamos, salpicado de voces, quién fué Angelelli, para qué vivió y por qué fué asesinado y negado.

El corazón militante, se salia en tus gestos, tus preguntas, tus afirmaciones, tu mirada de transparente comunión de ideales. Apuraron de afuera el trámite del acto y salimos desordenados y raudamente hacia el palco.

El implacable protocolo me llevaba sugerentemente al costado del escenario, al fin y al cabo ya habia pasado nuestro turno de intimidad pastoral y cuando mucho, algunas noticias históricas.

Alli volviste tu mirada, interpelante, transgresora, también de mando, y dijiste a los prolijos custodios de la ceremonia: el padre Pocho, venga aquí arriba y hablé sin miedo.

No estaba previsto, no tenia nada escrito, pero, no sé si Angelelli me empujó y el flaco pinguino me estampó una mirada mansa de apoyo, que calmó mis miedos e inhibiciones y me lancé sin tapujos, a ponerle palabra a un clamor retenido y amordazado de un Pueblo.

Después el Flaco desgarbado y libre, me dijo amigo y vibró con su proclama valiente y libertaria, bajo la sombra del Obispo mártir, que flameaba con un oido al pueblo y otro al evangelio.

El fervor se encendió en aquella siesta, del 4 de agosto del 2005.

Habia fuego: el de Angelelli.

También habia un hombre que supo avivar ese , y muchos otros fuegos, para que arda y se encienda el fuego imprescindible, y sin embargo tantas veces ausente, de una Patria Justa, Libre y Soberana, con Memoria, Verdad y Justicia, sin fronteras para abrazar a los otros Pueblos de la gran Nación Americana.

Ese hombre fué Néstor Kirchner, ese flaco del sur, con el «jopo»al viento.

Un 27 de octubre te sembramos, como afirmara el Comandante Venezolano, tu hermano y compañero, para que el viento revolucionario de tu impetu, siga naciendo como urgencia de una Patria de pie y digna, de abrazos y de encuentro, que vos, Néstor querido, la iluminas y convocas con tú presencia.

Pocho Brizuela La 20 en el Frente Transversal

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