Parlana Sabina Manta

Hablar de Sabina no es solo hablar de los sueños rotos, es hablar de una muerta cada 28 horas, de las infancias en peligro, de la justicia que no llega, al igual que los servicios básicos.

Hace tres años y cinco días el corazón de una madre, de una familia, de una comunidad, se estrujaba ante una incógnita que se transformó en ausencia permanente. ¿Dónde está Sabina? ¿Por qué no vuelve?. Sabina, había ido a comprar ají para condimentar su cena, pero nunca regresó a sentarse en la mesa familiar. En este punto, no me vengan con la educación blanca de clase media de que los chicos no deben salir solos, porque todes nos criamos jugando a las escondidas, a la pelota o corriendo en la calle. Y no es que los delitos sexuales y de violencia de género no ocurrieran hace 20,40, 60  años atrás, sino que permanecían atrapados en el pecho, en la garganta, haciéndose nudo, como un bollito de papel que se tira a la basura o a las brasas del olvido obligado, del silencio, de la culpa y  la responsabilidad autoinfligida. 

La causa de Sabina es el primer femicidio infantil en nuestra provincia que fue elevado a juicio como tal e inició hoy. Siendo el único sospechoso y detenido, Roque Adrían Rodriguez; Aunque la familia y la comunidad esperan que la justicia ahonde la investigación y busque y condene a los posibles cómplices. 

Hablar de Sabina es hablar de las cifras publicadas por la OMS, donde devela que una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños es, o puede ser, victima de abuso sexual. Es hablar de que del total de las denuncias de abuso sexual, el 57,8% refieren a las infancias. 

Hablar de Sabina es hablar de que de las más de 15.000 llamadas realizadas a la línea nacional 137, solo el 0,1% corresponden a nuestra provincia. Lo cual, probablemente no tenga que ver con la erradicación de la problemática, sino más bien, con la falta de información y acceso. 

Hablar de Sabina, es hablar de la necesidad de políticas públicas que acompañen a las infancias, previniendo las situaciones de abuso infantil, intrafamiliar y de violencia. Es hablar de la necesidad de un sistema judicial cercano al pueblo, un sistema judicial con capacidad de escucha. Un sistema que no revictimice, ni atemorice a las víctimas y sus familiares, fallando a favor de femicidas, abusadores y violentos; mientras deja desprotegidas a las personas sobrevivientes. Es hablar de una profunda transformación del sistema judicial, de la necesidad de una reforma judicial transfeminista y con perspectiva de género y Derechos Humanos. 

Hablar de Sabina es hablar también del acceso a los derechos básicos. Es hablar de las comunidades extranjeras que se asientan en la periferia de la ciudad, buscando un futuro mejor, mientras son explotados por nuestros terratenientes. Es hablar del trabajo golondrina, de la esclavitud en pleno siglo XXI.

Hablar de Sabina es hablar de barrios de emergencia, ahora llamados barrios populares. Es hablar de la falta de luz, de agua potable. Es hablar de la emergencia habitacional. 

Es hablar de una comunidad completamente caída del sistema, que cuando notó la ausencia de una de sus niñas, llamó a la policía pidiendo ayuda y recibió dos agentes motorizados que se limitaron a decir “Busquenla ustedes, mientras pedimos refuerzos”. 

Al cuerpo de Sabina lo encontraron los vecinos y vecinas, alumbrando la pesada oscuridad desde las linternas de sus teléfonos. Fue la vecina a cargo del comedor popular quien encontró a Sabina, en un descampado, a cincuenta metros de su casa. Hablar de Sabina es hablar de la propagación de comedores populares, de ollas, de merenderos. Acciones voluntarias de corazones gigantes y comprometidos que buscan paliar los efectos de un monstruo que nos devora: La pobreza estructural.

Hablar de Sabina es no torcer la mirada de lo que nos cercena. Hablar de Sabina es la justa forma de exigir justicia para ella, para su familia, para sus vecinos y vecinas.

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