Pensar la docencia desde experiencias pedagógicas emancipadoras

Orquesta Comunitaria de La Costa

La necesidad de llevar  la práctica docente a experiencias  transformadoras de la realidad,   ha movido a  muchxs maestrxs  a pensar la pedagogía por afuera de los espacios convencionales.  Los Círculos Pedagógicos de AMP, son ámbitos impulsados por trabajadores de la educación,  para compartir, sistematizar y proponer. Por Claudia Moreira

Experiencia Pedagógica. Con la primera de las palabras siento más familiaridad.  Experiencia: contar,  relatar, compartir construir.  Pedagógica: palabra que no recuerdo haberla escuchado en el secundario, en ninguno de los cinco años de cursada. Claro. Será por mi perfil de graduación: Perito Mercantil…

Fue en el terciario cuando la vi plasmada en un programa, ni recuerdo bien el nombre del espacio curricular. Lo que nunca me voy a olvidar es la cara y la forma en que la profesora impartía la cátedra. Realmente ahora que lo pienso, siento que nunca quiso que aprendiéramos. 

Recuerdo haber sacado un tres en el primer parcial,  del cual hice un pormenorizado análisis junto a una compañera, Llegando a la conclusión que las respuestas de las preguntas que nos realizó, eran de lo que en clases había dicho. Desde ese día nos dedicamos a grabarla y luego a desgrabar, y estudiar de ese apunte que fuimos armando. Y si, así de ese modo fue como aprobamos los siguientes parciales. Por cierto, los apuntes que compramos con tanto entusiasmo quedaron impecables

Cuando Diana López Cardona se integró a la AMP  y comenzó a trabajar lo de los círculos y luego las experiencias,  lo vivencié desde un segundo plano. Ya que colaboraba desde la logística.  En sí, tengo conocimiento muy generalizado de lo que se trata, pero nunca lo viví in situ. Y desde ese momento la palabra Pedagógica,  ya comenzó a formar parte de mi vocabulario. 

Recién lo pude palpar,  sentir,  escuchar,  vivir, en primer lugar en la Ruta: Pituil-Campanas; y en segunda instancia en Castro Barros. 

La experiencia de Castro Barros me interpeló desde muchos aspectos. Primero si un trabajador o trabajadora de la educación enseña desde el amor.  Y me pregunto, es una condición necesaria y suficiente.  Hasta donde somos capaces no solo de declamar la inclusión,  sino más bien ponerla en práctica. 

Hasta donde somos capaces de buscar estrategias para que todos nuestros estudiantes participen y aprendan, respetando sus tiempos y sus capacidades.  O solamente somos unos magníficos cumplidores de la planificación. 

Tanto en el colegio secundario como en la experiencia de la orquesta,  sentí el amor, la inclusión,  el  compromiso. Sentí que no había obstáculo o que, en realidad,  si los hay, pero que cada una de las comunidades los toman para tomar más impulso y saltar cada vez más alto. 

Que hace que ellos o uno como docente nos involucremos tanto, aún seguro escuchando críticas de nuestros propios compañeros. Lo hace ver la cara de felicidad de cada uno de los estudiantes.  Que ellos mismos sean los protagonistas de estas experiencias con el acompañamiento de sus docentes,  pero como un andamio.

Son estos compañeros que seguramente no esperan diplomas,  ni reconocimientos de sus pares y/o superiores,  salvo el abrazo o la sonrisa de sus alumnos y la satisfacción de dar todo. Aunque duela dejar todo en el aula.

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